Historia: Ellos


Aquí está una historia que me inventé como continuación al microrrelato que hice en aquel concurso: Él.


Ellos

Llevo varios mese viviendo en esta maldita ciudad. Ellos no me permiten salir, volver con los míos. Porque yo no soy uno de Ellos. O, al menos, no del todo. Tras aquel día en que me confié, me tienen aquí encerrado, como a los demás a los que corrompieron. Todo el tiempo que resistí me dio fuerzas y una motivación para seguir adelante. He de fugarme pronto. Todavía soy un iniciado, no me han encargado que corrompa a alguien. Si lo hacen, se darán cuenta de que no puedo hacerlo, porque no soy como Ellos. Me matarán si eso ocurre. Pero no ocurrirá.

Han pasado varios meses. Hace tiempo que no escribo, pero es que han empezado a entrenarme. He tenido que corromper a un conejo y a un perro, pero no creo ser capaz de hacer lo mismo con una persona.

Ya está. Voy a fugarme. No tengo otra opción. Me he enterado de los turnos de relevo los guardias. Me escaparé el próximo viernes a medianoche.

Al final, he conseguido escaparme. Me he refugiado en una cueva en las afueras. Sin embargo, mi plan tenía un fallo: mi diario. Me lo había dejado en la celda. Y esta noche tocaba registro. Hacen eso para que los iniciados que no están corrompidos completamente no se pasen contrabando ni intenten escaparse, como yo. Encontraron la celda vacía y mi diario encima de la mesa, abierto. Lo leyeron y, bueno, me atraparon. Ahora estoy en una celda de alta seguridad, con una cámara apuntándome todo el rato. Me dieron el diario para que me entretuviese.

Quedan dos días. Me inyectarán una droga que me corromperá del todo. No puedo permitirlo. No pienso ser uno de Ellos.

Esos dos días se me han pasado volando. Les están poniendo la inyección a los demás iniciados, uno a uno. Yo estoy el último A mi me acompaña un guardia armado. Lentamente se acorta la fila y a mi me sudan las manos. Cuando me va a tocar pienso en todo lo que haría si me corrompiesen. Me estremezco. Le pego un empujón al guardia y le arrebato la pistola. Se me queda mirando, atónito. Toda la sala se sume en el silencio. Otros guardias bajan al centro de la sala, cautelosos. Al parecer el guardia al que empujé era el jefe, puesto que ordenó a los demás que no se acercaran. Le dije que se levantase y pusises las manos sobre la cabeza, lentamente. Le empujé hasta la salida, sin dejar de apuntarle con la pistola. Salgo afuera, y pienso en todo lo que Ellos han hecho. Cierro los ojos, inspiro hondo y disparo. Oigo pasos que se acercan, alertados por el ruido. Echo a correr. Salgo de la ciudad, evitando a los pocos guardias que no estaban en la sala, y empiezo a correr por el campo. Tropiezo en unas zarzas, me golpeo y ya no veo nada más.

Me despierto otra vez en la celda de alta seguridad. Al rato, viene uno de Ellos con una jeringuilla. Yo intento esquivarlo, pero todo mi cuerpo está entumecido. Me la inyecta, y mi vista se nubla. Al rato, me siento abrumado por el dolor. El eco de los alaridos suena por todas partes.

Ha pasado un tiempo. Ahora me dedico a corromper gente, pero sigo escribiendo en el diario. Entro en casa de la gente, y pego una nota en sus almohadas. Cuando la leen salto sobre ellos, y los corrompo. La nota dice así:

"La muerte inminente se acerca"

  • Mateo Periago
  • 25/05/2016 16:23:58
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Esta es una historia que me inventé como continuación al microrrelato de Él.

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El blog de Mateo

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